El poder de las palabras... quizás podríamos hablar del poder a secas, y como este se transmite, valga la redundancia, poderosamente.
Y es que en la Biblia, cada vez que se habla del poder con el que Dios ungió a alguien inmediatamente sale a colación su autoridad al hablar. Las palabras son un medio de transmitir poder de Dios, de hacerlo patente.
Lamentablemente, como casi todo en esta vida, las palabras son un arma de doble filo.
Y es que de igual manera que nuestras palabras pueden bendecir de manera poderosa, también sirven para su uso contrario, la maldición. Y encima, este último uso en muchísimos casos es más sutil y despiadado que el primero. En general siempre somos conscientes de cuando estamos dándole una palabra positiva y de ánimo a alguien, pero otras veces, un comentario que para nosotros puede ser inocente, puede remover los cimientos de la vida de alguien, y no para bien.
En la iglesia estamos advertidos de estos malos usos de la palabra. Jesús nos advirtió que es lo que contamina al hombre, se nos advirtió sobre la crítica gratuita y las murmuraciones, sobre el maldecir a los demás, etc... Y sin embargo toda iglesia estándar en España no es ajena a estas costumbres. Nos cuesta darle nuestras palabras a Dios, dejarle a Él el control, y permitir que su poder fluya en nuestra boca como lo hacía en los cristianos de antaño. ¿Por qué?
La conclusión también se halla en la Biblia, "de lo que rebosa el corazón mana la boca", y es preocupante. ¿Podría ser que si somos críticos, murmuradores e incluso maldecidores, eso es lo que se haya en nuestro corazón? Una vez oí decir que si nuestro interior no es de oro, al menos nuestro silencio lo será. Es decir, si no tienes nada bueno que decir, mejor cállate.
Y sin embargo los cristianos no vinimos al mundo para estar callados, sino para ser testigos, para hablar y extender las "buenas noticias".
Para ello creo que nos urge hacer una revisión interna de lo que llevamos en nuestros corazones... una revisión diaria. Ya que de lo que llevamos dentro hablaremos, y de lo hablemos la gente oirá y creerá.
Esteban Sanz





