Bromas culinarias aparte ¿será verdad que somos lo que comemos?
Esto es algo que yo he oído muchísimas veces, y no carece de lógica: Porque todo lo que te rodea te afecta. Y porque todo lo que haces te afecta. Las cosas que dices –e incluso, supongo, las cosas que oyes y que ves- te afectan. Así que podría empezar animándote a rodearte de lo que es bueno: a leer la Biblia, a pasar tiempo en oración, a juntarte con gente que ama a Dios, a usar tu tiempo libre para algo más que pasar el tiempo en facebook (¡ja!), y en definitiva, a empaparte de Dios de todas las maneras que se te ocurran, porque todo esto te beneficia. Sin duda, si “comes” estas cosas se supone que el resultado será más que bueno.
Digo yo.
Pero he meditado un poco en todo esto, y la verdad es que aunque es cierto que somos lo que comemos, tampoco te soluciona nada que yo te lo cuente.
Porque lo cierto es que hay una verdad mucho más básica que todo esto, y esa verdad es que: Comemos lo que queremos.
Quiero decir, que... ¿no sería fantástico que yo no tuviera que animarte a leer más la Biblia? ¿No serías la persona más feliz de la tierra si no tuvieras que luchar en contra de tus deseos más naturales? ¿No te encantaría levantarte por la mañana con una alabanza en la boca? ¿Y que no tuvieras que forzarte para orar?
¿No sentirías alegría si “comer” de lo que te beneficia te deleitara el paladar más que ninguna otra cosa? ¿Quién no anhela este tipo de vida?
Porque... ¿de verdad sirve que te esfuerces? Y... ¿de verdad quiere Dios que te esfuerces?
¿De verdad?
Investiga un poco el tema del “nuevo pacto”. Se supone que consiste en que Dios hace una obra maravillosa en nuestro corazón. Nos convierte en un árbol que da buen fruto. ¿Sabes que existe una forma de vida maravillosa en que lo natural para ti es agradar a Dios y además, sin esfuerzo?
¡Oh, qué vida maravillosa es esa! ¡Es una vida en que lo que más feliz me hace es amar a Dios y hacer su voluntad! ¡Es una vida alegre y serena! ¡Una vida en que no hay lucha!
Por supuesto que hay muchas cosas que te convienen. Amigos que te benefician. Lugares que te conquistan. Libros que te enseñan. Canciones que te inspiran.
Y por supuesto, mi “buen” consejo es que busques lo bueno, que comas de lo bueno...
Pero mi “mejor” consejo es que pidas a Dios, y luego insistas... y grites y exijas, y busques, y reclames, y vuelvas a pedir día tras día que Dios haga esa maravillosa obra en ti, desde dentro.
Para que no necesites ningún consejo. Para que no te haga falta ningún empeño. Para que no necesites ninguna disciplina. Para que no tengas que hacer propósitos. Para que no tengas que pedir más fuerza. Para que no haya lucha.
Sí, para que no haya lucha.
Porque esa vida sí existe.
Porque Dios siempre da al que pide.
Porque Dios no miente.
Por Rebeca Byler







