Parece ser que mi vida se vuelve monótona y también parece que Dios no está.
Estos son mis dos pensamientos principales de los últimos días… No hay nada interesante que hacer, ni viajes emocionantes, ni crisis, ni nada, sólo trabajar, estudiar, comer y dormir. Y como no hay crisis, ni momentos emocionantes tengo la sensación de que Dios ni siquiera me habla, leo la Biblia, pero no me dice nada. Pero también sé que dos lecciones quiere Dios que aprenda con estos dos pensamientos en mi cabeza.
El primero tiene que ver con Génesis 27 (y en adelante). La semana pasada en La Industria nos dieron un devocional sobre Jacob y quiero intentar resumíroslo brevemente:
Jacob era hijo de Isaac y nieto de Abraham. Tenía un hermano, Esaú, que era el primogénito. Jacob veía que su padre se enorgullecía de Esaú pero no de él, y sentía un gran vacío por eso, así que hizo de todo con tal de conseguir la bendición de su padre; consiguió, engañándolo, que su hermano le cambiara la primogenitura y se hizo pasar por su hermano delante de su padre para que éste le diera a él la bendición…
Pero después de todo eso aún seguía sintiendo el mismo vacío, siguió su vida, tuvo dos mujeres, muchos hijos, riquezas, pero no estaba lleno, le faltaba algo. Y llegó una noche dónde se encontró con un varón (el cual era Dios) y luchó con él durante TODA la noche, imaginároslo por un momento.
Luchó hasta el punto que “el varón (Dios) vio que no podía con él”… ¿Cómo? ¿Dios no puede con un hombre? Pero yo creo que no se estaba refiriendo a fuerza, sino que Dios estaba probando cuánto anhelaba Jacob realmente esa bendición. No podía con él, no podía hacer que desistiera en desear esa bendición. Dios le dice: Déjame, porque raya el alba y Jacob responde: No te dejaré si no me bendices.
Esto es lo que me impactó, y es lo que a mí hoy me ha hecho pensar. ¿Cuánto anhelo a Dios? Porque muchas veces cojo la Biblia, la abro, leo un par de capítulos, canto o escucho una canción y “oooo, Dios no me ha hablado hoy, que pena, me voy a dormir”. ¿Y eso es todo lo que busco de Dios? ¿Por qué no busco y lucho realmente por una bendición de Dios?
“…y me buscaréis y me hallaréis; porque me buscaréis de todo corazón”
Muchas veces dedicamos muchísimo más tiempo a luchar por otras cosas que en realidad no valen tanto, por conseguir una entrada a un concierto, por aprobar un examen, por conseguir la atención de una persona, porque tus padres te compren un portátil… ¿por qué no luchamos por algo que de verdad sabemos que merece esa lucha? Su bendición.
El segundo pensamiento sobre la monotonía lo dejamos para otro día, que me he extendido bastante, jeje. :-)
Por Loida Regoord.




