Desde el 15 de marzo un nuevo movimiento se ha levantado en España.
Un movimiento que era esperado desde hace muchos años. Desde los años 70 los jóvenes se conformaron y fueron olvidando su participación política y la dejaron guardada en el cajón de su mesilla. La situación de crisis nos ha desbordado y algunos han comenzado a reaccionar. Temas como la falta de empleo y oportunidades, la vivienda y la corrupción, han provocado su indignación, indignación que ya nombró Stéphane Hessel en su alegato contra la indiferencia “¡Indignaos!”.
Indignarse no suena muy positivo pero si nos atenemos a los significados, lo que me convence de la palabra es que contiene otro término fundamental: dignidad.
Cuando la dignidad se pone en cuestión, como dice el propio Hessel es necesario reaccionar. “La indignación viene del pisoteo de la dignidad que cada ser humano lleva consigo”. [1] Y eso es lo que está sucediendo en este momento. ¿Cuál es la diferencia entre el bien y el mal? Debemos ser conscientes de cuáles son los valores que ayudan a crear un mundo mejor y cuáles no.
En este momento viendo esta situación, me pregunto ¿Quiénes somos los cristianos? o mejor dicho ¿qué hace un cristiano?¿Qué estamos haciendo la mayoría de nosotros con respecto a nuestra fe y valores? ¿Cuán a fondo de nuestro interior llegan los mismos?.
Este movimiento lucha por un mundo mejor, por la dignidad de las personas.
Desde mucho tiempo atrás, en España y en todo el mundo hemos ayudado a las personas que lo necesitan. Dentro de las Iglesias es notable la gran tarea que se ha hecho y se está haciendo para ayudar a personas y comunidades en temas como el apoyo a drogodependientes, mayores, cooperación internacional, infancia, etc.
Pero ¿sólo es esto lo que debemos hacer?
Hay un pasaje bíblico que me encanta, el Buen Samaritano (Lucas 10:30-37). Cuando leo esta historia pienso que las iglesias han hecho un buen trabajo estas décadas. La iglesia ha ayudado a mucha gente con un gran esfuerzo. Ha sido un gran ejemplo.
Reflexionando sobre esta historia y la actualidad me viene a la cabeza un concepto del que Martin Luther King habló. Él decía que por un lado, estamos llamados a jugar al buen samaritano en el camino de la vida, pero eso será sólo una tarea inicial. Un día tendremos que legar a ver que el camino a Jericó debe ser transformado completamente para que los hombres y las mujeres no sean constantemente apaleados y asaltados mientras hacen su viaje a través de la autopista de la vida. La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo, no es casual y superficial. Se trata de ver que un edificio que produce mendigos necesita una reestructuración.[2]
Pablo habló de que la creación gime por su liberación, él dijo en Romanos 8:23 que incluso “nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu Santo”. Nosotros debemos ser voces para los que no tienen voz. Voces que anuncien esperanza y un camino de vida espiritual y social.
Recordemos el papel de algunos cristianos que impulsados por su fe y valores cambiaron la historia. Personas como William Wilberforce, parlamentario británico, pionero en la lucha contra la esclavitud en el siglo XVIII y cuyos ideales lo enfrentaron a algunos de los hombres más poderosos de la época. Martin Luther King, fue un pastor que desarrolló una labor crucial en Estados Unidos al frente del Movimiento por los derechos civiles para los afroamericanos y que, además, participó como activista en numerosas protestas contra la Guerra de Vietnam y la pobreza en general. Dietrich Bonhoeffer se opuso a las políticas antisemitas de Hitler. Estaba entre aquellos que apelaban abiertamente a la resistencia de la Iglesia al tratamiento que Hitler daba a los judíos.
Cómo ellos, debemos primero buscar y ser voces que alumbren.
Algo que puede hacernos pensar y salir de nuestra propia comodidad es ver quien fue Jesús. Jesús no fue un simple misionero a los pobres, el fue pobre, nació siendo un bebe refugiado, vivió en los peores barrios de Nazaret, fue un rabbi sin hogar, tuvo una muerte al lado de bandidos y rebeldes en una cruz ejecutado por un imperio opresor y fue enterrado en una tumba prestada. Jesús no fue crucificado por ayudar a la gente pobre. Fue crucificado por unirse a ellos, por no aceptar el régimen religioso. Fue crucificado por amor. Este es el Jesús al que seguimos. Un Jesús que no fue indiferente sino comprometido.
Miremos alrededor de nosotros, encontremos temas que justifiquen nuestra indignación . Hallaremos situaciones concretas que nos empujarán a llevar a cabo una acción en la que Jesús mismo se implicaría. ¡Buscad y encontraréis!
Artículo dedicado a todos los hipócritas, cobardes y tontos … como yo.
[1] Debemos remitirnos a la Declaración de Derechos Humanos. En su artículo primero ya dice: Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y en derechos.
[2] Martin Luther King, Jr., "A Time to Break the Silence," quoted in Douglas A. Hicks and Mark R. Valeri, Global Neighbors: Christian Faith and Moral Obligation in Today's Economy, Eerdmans Publishing, 2008, ISBN 0802860338, p. 31





Reflexionando sobre esta historia y la actualidad me viene a la cabeza un concepto del que Martin Luther King habló. Él decía que por un lado, estamos llamados a jugar al buen samaritano en el camino de la vida, pero eso será sólo una tarea inicial. Un día tendremos que legar a ver que el camino a Jericó debe ser transformado completamente para que los hombres y las mujeres no sean constantemente apaleados y asaltados mientras hacen su viaje a través de la autopista de la vida. La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo, no es casual y superficial. Se trata de ver que un edificio que produce mendigos necesita una reestructuración.[2]
