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El fuego: el gran secreto de los pueblos antiguos, consumidor de ciudades y acompañante de la presencia de Dios...
El fuego: el
gran secreto de los pueblos antiguos, consumidor de ciudades y
acompañante de la presencia de Dios, constantemente ardía en el altar
del tabernáculo. Cada vez que un hombre quería acercarse a Dios, y
quitar su culpa, ponía su ofrenda sobre este fuego consumidor el cual
hacía llegar un olor grato hasta su trono.
El fuego: símbolo hoy de la pureza, la
santidad, el juicio futuro, revelador de la realidad dentro de nuestros
corazones. Es temido por los hipócritas y los mentirosos - aquellos que
huyen de su luz. Hoy se abre paso en medio de los jóvenes como uno de
los elementos imprescindibles, consumiendo las mentiras, los engaños,
los deseos carnales, cada uno de nuestros pecados. Dando paso a la
verdad, al poder y a la Gloria de Dios con el fin de ayudar a un pueblo
entendido que cumple con la misión dictada por Jesús: “Id y haced
discípulos”.
Ya se han encendido las antorchas. Es
imposible pararlo, se extiende de norte a sur; de este a oeste. Guiado
por el viento va avivando pequeños fuegos, consumiendo cada obstáculo
que se levanta en medio de su camino. Es el fuego de Dios, algo que
nadie puede apagar, ES SU PRESENCIA.
David Villahoz
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