Ponencia / Espectáculo BMX
Escenario Principal y Zona Street
Me crié en una familia Cristiana y cuando cumplí los 12 años experimenté al Espíritu de Dios y acepté a Jesús en mi corazón.
Una vez después de romperme el brazo, Dios me sanó mientras me hacían los rayos x!
Pero al cumplir los 17 años empecé a hacer todo lo que hacían mis amigos para ser guay. Al principio me sentía fatal pero poco a poco me empecé a acostumbrar y me convencí a mi mismo de que estaba bien. Deseaba servir a Jesús pero en vez de eso me sentía atraído por una novia que tenía y acabé acostándome con ella. Mi anhelo era encontrar el amor de mi vida y pensé que la intimidad física significaba amor verdadero. Poco después ella encontró a otro chico y eso me hizo muchísimo daño así que empecé a salir con un montón de chicas simplemente por satisfacción propia. Me sentía en la cima del mundo porque tenía éxito en la vida.
A los 21 años gané el campeonato de BMX y seguía saliendo con un montón de chicas. Todo ese tiempo pensé que era cristiano pero Satanás me tenía muy engañado.
Una noche de diciembre del 2001, me puse a ver en la tele un programa que se llamaba "El Poder de los Espíritus". El programa iba sobre un hombre que había estado involucrado en el ocultismo durante varios años. El hombre explicaba lo real que Satanás era y como había llegado a poseer su vida. En ese preciso instante sentí como un peso enorme me oprimía obligando a quedarme sobre el sofá. Me entró mucho miedo y podía sentir como un poder malvado me rodeaba. Mis pensamientos se volvieron muy extraños y retorcidos y perdí el control sobre ellos.
Me levanté de un salto y grité "JESÚS, JESÚS, AYÚDAME!" Aún sabía que Él era el único que podía ayudarme. Sabía que el poder de Satanás no era nada comparado al de Jesús. El mundo espiritual se me había abierto; me di cuenta que el poder de Satanás estaba controlando mi vida (egoísmo, arrogancia, relaciones sexuales, pornografía y chismorreando a espaldas de otros). Entendí que necesitaba que gente cristiana orase por mí. Llamé a mi hermana y la dije, "Tina, tienes que orar por mí. Jesús me perdonará por todo lo que he hecho ¿no?" Cuando la oí orar, me di cuenta que yo tenía que pedirle perdón a Jesús personalmente. Al principio me daba corte pero le pedí mi hermana que orase conmigo para que Jesús me perdonase por mis relaciones sexuales, pornografía y todo el pecado en el que estaba viviendo.
Esa noche Jesús perdonó mis pecados y le pedí que me liberase de ese momento en adelante. Sentí una total libertad dentro de mí porque Jesús estaba viviendo dentro de mí. De ese momento en adelante el pecado perdió su poder sobre mi vida. Toda la baja estima que tenía, la pornografía, y el egoísmo perdieron el control sobre mi vida.
Mi vida dio un giro de 180 grados.











